Suite Selva
Despierta entre el dosel. Cama king, terraza privada sobre los árboles y una ducha abierta al cielo.
- 45 m²
- 2 huéspedes
- Cama king
- Vista a la selva
Una casa de seis puertas donde la selva desciende hasta el mar. Sin multitudes, sin prisa: el Caribe, la sombra de los almendros y el tiempo detenido.
Salvaje se esconde en un tramo de costa al que solo se llega por agua o por un camino de sombra, donde la Sierra baja a tocar la arena.
Doce hectáreas de bosque tropical, una playa que nadie más pisa y seis suites que parecen brotar entre los árboles. No hay recepción ni horarios: hay hamacas, agua de coco al amanecer y el rumor de los micos a lo lejos. Diseñamos cada rincón para que el lujo no se vea, se sienta.
Salvaje nació de dos viajeros que llegaron por una semana y se quedaron a vivir.
Mara y Tomás abrieron la casa hace ocho años, convencidos de que el lujo verdadero es el tiempo y el silencio. Hoy un equipo pequeño, casi todos de la región, cuida cada llegada como si fueras de la familia. En la cocina, el chef Iván convierte la pesca del día en mesas que no se olvidan.
— Mara & Tomás, anfitriones
Despierta entre el dosel. Cama king, terraza privada sobre los árboles y una ducha abierta al cielo.
El Caribe a los pies de la cama. Ventanal completo, bañera de piedra y acceso directo a la arena.
La más alta de la casa. Tina exterior, hamaca colgante y los atardeceres más largos de la costa.
Mayo – junio · septiembre – noviembre
Desde $1.2M / noche
Febrero – abril · julio – agosto
Desde $1.6M / noche
Diciembre – enero · Semana Santa
Desde $2.1M / noche
Estadía mínima de 2 noches.
Cocina de origen con el pescado del día y huerta propia, servida donde quieras: la playa, la selva o tu terraza.
Masajes con aceites de la Sierra, al ritmo del oleaje y el canto de las aves.
Salidas en lancha al amanecer hacia las playas vírgenes del parque, con guía local.
Cena a la luz de las velas y mezcales bajo un cielo sin una sola lámpara que lo estorbe.
Cocina de raíz caribeña, sin pretensión: lo que el mar y la huerta dan ese día, tocado lo justo.
No hay carta fija. Cada mañana el chef define el menú con lo que llega: pescado de los pescadores de la bahía, frutas de la Sierra, hierbas del jardín. Desayunos largos frente al agua, almuerzos a la sombra y cenas a la luz de las velas. Y, si lo prefieres, una mesa puesta solo para ti en cualquier rincón de la casa.
Masajes con aceites de la Sierra al ritmo del oleaje. Una cabaña abierta al mar, manos que conocen el oficio y nada más que hacer.
Al filo de la arena, bajo los almendros: tumbonas a la sombra, agua de coco fría y una cocina que sube directa del mar. El día entero transcurre aquí abajo, donde rompe la ola.
Camas de playa bajo la sombra de los almendros, con toallas y agua fría siempre a la mano; nunca filas, nunca multitud.
Ceviches, el pescado del día y coctelería de fruta, servidos al pie del agua.
El club no cierra con el sol: se queda para el mejor momento del día.
No hay agenda. Solo la luz cambiando sobre el agua.
Café y fruta en la terraza mientras la selva despierta.
Playa privada, kayak o simplemente la hamaca y un libro.
Masaje en la espesura o una travesía al Tayrona.
Cena a la luz de las velas bajo un cielo sin lámparas.
Vivimos de este pedazo de costa. Cuidarlo no es un programa: es la única forma de seguir aquí.
La casa funciona con paneles solares y agua de lluvia tratada.
Comemos lo que da la huerta y la pesca responsable de la bahía.
Nada de plásticos de un solo uso; todo vuelve a la tierra o se reutiliza.
El equipo y los guías son de la Sierra y la costa. El beneficio se queda.
Bodas de pocos, aniversarios que no se olvidan, encuentros a puerta cerrada. Salvaje se reserva completa: seis suites, la playa privada y un equipo que se ocupa de todo.
La casa basta para no querer salir. Pero la Sierra y el mar guardan tesoros a un paso, y cuando quieras, te llevamos.
Playas vírgenes entre selva y roca, pisadas antes de que llegue nadie.
Ríos fríos, café de altura y el verde más alto sobre el mar.
Ensenadas de agua quieta para nadar, bucear o no hacer nada.
Llegamos buscando descanso y nos fuimos sintiendo que el tiempo nos pertenecía. No hay otro lugar igual en el Caribe.
El sonido del mar entrando por la suite, la comida, el silencio. Cada detalle pensado sin que se note el esfuerzo.
Pocas veces un lugar cumple lo que promete. Salvaje lo supera. Volveremos cada año.
Desayuno diario, traslados internos desde Santa Marta, agua y snacks, y acceso a todas las áreas comunes. Experiencias y comidas adicionales se cobran aparte.
Se confirma con el 50% de anticipo; el saldo se paga al llegar. Cancelaciones con más de 15 días de anticipación reciben reembolso completo.
Salvaje está pensado como un refugio de calma para adultos. Recibimos niños mayores de 12 años.
Hay wifi en las áreas comunes. En las suites preferimos dejar que el lugar haga su trabajo: desconectar.
Caribe todo el año: cálido y soleado. Las lluvias breves de la tarde, entre mayo y noviembre, son parte del encanto.
Estamos donde el mapa casi se acaba. Por eso el viaje ya es parte de la experiencia.
Vuelos directos desde Bogotá, Medellín y Cartagena al aeropuerto Simón Bolívar (SMR).
Un conductor te espera y te lleva por la costa hasta el punto de embarque: una hora de paisaje.
Veinte minutos en lancha hasta la bahía privada. La última parte solo se hace por mar.
Pocas fechas al año. Déjanos tu correo y te avisamos en privado cuando abramos nuevas estancias.
Pocas fechas, mucha calma. Escríbanos y diseñamos su estadía a la medida: traslados, experiencias y la suite que mejor le siente.